La cosa va de besos, muchos besos…

La cosa va de besos, muchos besos…

Admito que no soy mucho de celebrar San Valentín (o nada, más bien), pero se me ha ocurrido la idea de hacer una entrada rememorando momentos de amor y los besos de las novelas y he pensado que sería el día ideal, ¿no os parece? Y, además, durante 24 horas, tenéis a 0,99€ en Amazon «Otra vez tú» «Tal vez tú» y «Sigue lloviendo». Hacía mucho tiempo que no releía partes de esas historias que escribí hace tiempo y me ha hecho ilusión (cuando no me entraban ganas de corregirlas otra vez). Así que, por si os apetece recordar conmigo, aquí os dejo estos trocitos (si pincháis en cada título podéis ir al tablero de Pinterest de esa novela). Eso sí, si no habéis leído alguna, mejor ignorar su parte correspondiente, porque hoy la cosa va de besos, muchos besos… ¿con cuál de todos os quedáis?

Llévame a cualquier lugar (Blake y Léane)
Curiosidades Llévame a cualquier lugar.

Sumergido bajo el agua, rodeé su cintura con los brazos, antes de sacar la cabeza para respirar. Léane tosió y parpadeó repetidas veces, a causa del cloro, antes de clavar sus ojos en los míos. Su expresión cauta me hizo sentir extraño, como si fuese la primera vez que me miraba de verdad. El silencio a nuestro alrededor se tornó más denso y el agua que ondeaba en la superficie de la piscina se sumió en una falsa calma.
ca5bc315b910ba09151c7902c90e3508Inconscientemente, dejé de respirar durante unos segundos. Léane no apartó su mirada de mí, mientras mis ojos se recreaban en sus largas pestañas, inundadas de gotas diminutas de agua, recorriendo ávidos las graciosas pecas que rodeaban el contorno de su nariz y descendiendo después hasta concluir en sus labios mojados y entreabiertos, que parecían requerir mi atención.
De pronto, besar esos labios me pareció una buena idea. Es más, joder, probablemente era la mejor idea que había tenido en toda mi vida.
Casi había decidido hacerlo cuando Léane se me adelantó. Su beso fue primero un roce tímido. Después, me rodeó el cuello con las manos, se pegó más a mí y su boca presionó la mía con fuerza (…) Deslicé la lengua por el contorno de sus labios y ella entreabrió la boca, permitiendo que nuestras lenguas se rozasen. Mis manos abandonaron su cintura y se movieron hacia abajo, hasta acariciar su trasero. Jadeé al sentir sus uñas clavándose en mi hombro y me moví en el agua, avanzando hasta que la espalda de Léane chocó contra la pared de la piscina; presioné mis caderas contras las suyas y ella emitió un leve gemido. Nadie había provocado en mí un efecto similar con un simple beso, jamás. Tenerla entre los brazos fue como una explosión de emociones contradictorias que luchaban en mi interior, intentando abrirse paso a trompicones. Quería ahogarme en ella…

Otra vez tú (Alex y Emma)

Alex dio un paso al frente. Tenía los ojos más oscuros de lo normal, de un azul peligroso e intenso, con las pupilas dilatadas, y esa expresión en su rostro que tan bien conocía. Abrí la boca, dispuesta a decir algo, cualquier cosa… Pero antes de que pudiese pensar una sola palabra, él rompió la escasa distancia que nos separaba y apoyó ambas manos sobre la repisa de la cocina, rodeándome, impidiendo que pudiese escapar. Inclinó la cabeza para poder mirarme fijamente a los ojos, antes de decir:
b7f0795dd605f25992cb7bd5a57062d5―No puedo aguantar más.
Y un segundo después, su boca estaba sobre la mía.
Jadeé, sorprendida cuando presionó su cuerpo contra el mío. Paseó su lengua por mi labio inferior, apresándolo después entre sus dientes y mordisqueándolo suavemente, mientras sus manos comenzaban a vagar por mis piernas.
Estaba dividida entre el calor que emanaban nuestros cuerpos y entre el frío de las ropas empapadas, entre el hecho de que mi deber era apartarlo cuanto antes y el hecho de que no había nada más que desease en el mundo que seguir besándolo eternamente…
―No tiene sentido que sigamos resistiéndonos ―susurró, al tiempo que sus dedos se deslizaban por la cara interna de mis muslos―. Emma, sabes que te quiero. Sabes que estamos hechos el uno para el otro ―concluyó.
El corazón me martilleaba furiosamente en el pecho. Rodeé su cintura con las piernas cuando él me alzó en alto, antes de tumbarme sobre la pequeña mesa de madera de la cocina. Mientras intentaba desabrochar el botón de sus vaqueros, escuché el estruendoso ruido que produjo un plato al romperse en mil pedazos. No me importó. Podría haber lanzado toda su vajilla por los aires en ese mismo instante y me habría dado absolutamente igual.

Sigue lloviendo (Víctor y Sara)

3f01dabb1fcbfec2ebdd836f69bcb048—Solo unas horas… —murmura al tiempo que alza la mano y la desliza por mi cuello. Tiene los ojos acuosos y no sé qué hacer, no tengo ni idea de cómo demonios debería actuar—. Finjamos durante unas horas que seguimos siendo tú y yo.
—No me hace falta fingir.
—A mí sí.
—Lo sé.
Apoyo la cabeza en el asiento del coche y cierro los ojos. Noto sus manos delicadas moviéndose a mi alrededor, acariciándome el rostro y delineando después el borde de mis labios con la punta de los dedos. Tan despacio… Tan sutil… Los beso. Beso sus dedos y la veo sonreír con tristeza. Sé que me necesita ahora, pero también sé que luego yo la necesitaré a ella… y no ocurrirá lo mismo. Sara no estará para mí.
Extiendo levemente los brazos y ella se desliza del asiento contiguo y se sienta en mi regazo. Nos abrazamos en silencio durante lo que parece una eternidad. Siento su respiración caliente y dulce haciéndome cosquillas en el cuello; luego me da un beso justo debajo de la oreja y me susurra al oído:
—Vamos arriba.
—Sara, cariño…
—Me siento sola —la noto temblar contra mi cuerpo—. Intento convencerme de que has dejado de existir, pero de un modo u otro siempre terminas apareciendo de nuevo en mi vida. Cada vez que creo que te has ido, vuelves. Cada vez que pienso que puedo seguir sin ti, regresas como si quisieses demostrarme que no es así. Y no puedo, ya sabes que no, pero solo unas horas… solo eso.
Tardo un rato en quitar la llave del contacto.
—Vamos —digo.
1114024a213ca6ca679aaee4b636ad31Salimos del coche y en cuanto entramos en el portal del edificio volvemos a besarnos. Lo hacemos mientras esperamos el ascensor, cuando subimos después y al tiempo que ella intenta hacer girar la cerradura…
Todo está en silencio. Solo se escuchan nuestras respiraciones entrecortadas y el chocar de nuestros labios que se buscan y se encuentran una y otra vez, tengo el presentimiento de que es imposible que en algún momento tengamos suficiente, que estemos saciados. Nunca podré llenarme completamente de ella, porque cada día Sara cambia, evoluciona, crece y yo encuentro nuevas aristas que conocer, más rincones por descubrir…
Alzo los brazos cuando intenta quitarme la camiseta y dejo que lo haga. Sus manos se mueven después por mi espalda y ascienden hasta posarse en los hombros e impulsarme más hacia ella. Le muerdo el labio inferior y oírla jadear me desequilibra. Gruño, pierdo el control, la aprisiono contra la pared del recibidor y tiro con fuerza del vestido corto que lleva puesto hasta que consigo quitárselo. Sara responde bajándome los vaqueros y ambos nos quedamos en ropa interior.

33 Razones para volver a verte (Mike y Rachel)
Curiosidades de «33 Razones para volver a verte».
Hablando de «33 Razones para volver a verte».

a4ba402046182a4ed3e68f9fde35f2ceTras apagar el fuego, Mike metió directamente los dedos en el cazo y se los llevó a la boca.
—Sabe increíble, pecosa. Sé sincera.
Lo miró embelesada. Se había manchado el labio inferior y Rachel estaba segura de que su boca sí tenía un sabor increíble. Por un momento, salió de la jaula que ella misma se había construido y sin pensar ni ser consciente de lo que estaba haciendo exactamente, se inclinó hacia él despacio, muy despacio, y lamió con suavidad la salsa de arándanos deslizando la lengua por aquellos labios tiernos…
Mike tenía una expresión indescifrable en el rostro cuando se separó de él y lo miró avergonzada. ¿Qué acababa de hacer? ¿Qué demonios acababa de hacer…? Madre mía…
—Lo siento. No sé en qué estaba pensando —dio un paso hacia atrás.
—¿Adónde crees que vas? —Mike la retuvo antes de que pudiese escapar.
—Es que no entiendo qué se me ha pasado por la cabeza…
—Para. Deja de hablar.
—Pero es que…
Sin darle tiempo a replicar, Mike acogió su rostro entre las manos y la besó con decisión, porque jamás había estado tan seguro de algo. Hundió los dedos en su pelo y mordisqueó suavemente sus labios hasta que Rachel se rindió y entreabrió la boca permitiendo que sus lenguas se acariciasen y se explorasen sin limitaciones.
—No imaginas cuánto tiempo —la besó intensamente— he deseado esto. —Mike respiró agitado y le dio otro beso y otro más—. Cada día, cada hora, cada jodido segundo.
Deslizó las manos por su espalda hasta presionarle el trasero alzarla en brazos. Ella enredó las piernas en su cintura sin abandonar sus labios y Mike necesitó unos segundos para cerciorarse de que era real, estaba pasando, tenía aquel cuerpo cálido pegado al suyo y el momento era tan perfecto que hubiese estado dispuesto a esperarla mil años más si esa era la recompensa.

Tal vez tú (Jack y Elisa)
Hablando de «Tal vez tú».

ea1d4fc583ac2e177e0f33cd96815f6dCon un suspiro, aproveché que estaba algo distraído y volví a recuperar mi cerveza tras apartarme de él. Le di un trago intentando aliviar la sequedad y le eché un vistazo a la sala. No había ni rastro de Hannah y las demás chicas. Y de pronto lo sentí: el pecho de Jack pegado a mi espalda, sus manos rodeándome la cintura con delicadeza y su respiración pausada en la nuca. Cerré los ojos. La cosa no podía terminar bien, no, pero era incapaz de alejarme. Sonaba This is what you came for cuando él empezó a moverse con lentitud, sus caderas acoplándose al ritmo de las mías mientras sus labios me rozaban el cuello. Sentí cómo se me erizaba la piel y contuve el aliento cuando su boca ascendió dejando un camino hormigueante a su paso. Su mano ejerció más presión sobre mi estómago, acercándome a él.
Me di la vuelta con el corazón agitado.
—¿Qué pretendes…?
—Tú. Yo. Eso pretendo…
Sonrió. Una sonrisa increíble. Entrecerró los ojos y me miró divertido tras las espesas pestañas negras cuando me crucé de brazos; todavía me temblaban las piernas después de notar sus labios en la nuca. O sería fruto del alcohol. Eso. Sí.
—Definitivamente, el juego termina aquí.
—¿Por qué eres tan aguafiestas?
—¿Por qué eres tú tan capullo?
—Vamos, confiésalo. Admite que nunca haces nada inesperado y ya está. No pasa nada —alzó las cejas con esa actitud provocadora que me sacaba de quicio—. Me apuesto lo que sea a que lo llevas todo apuntado en tu agenda. Seguro que tienes hasta un horario para ir al servicio y si te pasas de lo previsto, te penalizas —rio antes de imitar mi voz—: ¡Oh, no! ¡Hoy voy estreñida! ¡Adiós a la planificación del día!
—Eres patético ¿lo sabías? ¡Y hago millones de cosas inesperadas! ¡Me encanta improvisar! —mentí a voz de grito.
—Vale, ponme un ejemplo. Demuéstramelo.
64a02bd9e99ecb1815041e9f85ae93c6Y entonces lo besé. Así, sin más. Lo besé.
No sé qué tipo de locura transitoria se apoderó de mi cabeza, pero lo siguiente que supe fue que mis labios estaban sobre los suyos, moviéndose con cierta torpeza. Jack tardó más de lo previsto en reaccionar, pero, cuando lo hizo, sus manos tiraron de mis caderas hacia él y el beso se tornó más furioso, más urgente. Su boca era suave y cálida. Incapaz de parar aquello, enredé los dedos en su cabello oscuro y entreabrí los labios, permitiendo que nuestras lenguas se acariciasen. Jack gimió y creo que fue el sonido más erótico que había escuchado en toda mi vida. Me sobresalté cuando una de sus manos descendió hasta llegar a mi trasero. Me dio un pequeño apretón y sonrió contra mis labios. Contrariada, hice lo mismo. Le toqué el culo, descubriendo que era digno de ser asegurado al estilo Jennifer López, lo que terminé susurrándole al oído en plan pirada total. Él se rio y su pecho vibró contra el mío.
—Y por cosas así me vuelves loco…
—No, tú ya estabas loco cuando te conoc…
—Shh, cállate. No lo estropees.
—¿Por qué tienes que ser tan…?
No me dejó terminar. Su boca atrapó la mía con un hambre voraz. Cerré los ojos y posé una mano en su pecho intentando mantener el poco control que me quedaba. Pero mandé a la mierda ese control cuando me lamió con lentitud el labio inferior. Me temblaban las rodillas, sentía un deseo palpitante entre las piernas y lo cerca que estábamos no aliviaba esa sensación de urgencia. Nos movimos por la pista de baile, ajenos a la música y a la gente que danzaba a nuestro alrededor. Era incapaz de dejar de besarlo, de abandonar esos labios cálidos y exigentes.

23 Otoños antes de ti (Luke y Harriet)
Hablando de «23 Otoños antes de ti».

Ella contuvo el aliento. Las manos cálidas de él sostenían sus mejillas con ternura y estaban tan cerca el uno del otro que al respirar le acariciaba la piel.
—Significa que estaba celoso. Y significa que, joder, no soporto imaginarte con otro compartiendo todo… todo lo que nosotros tenemos. Hostia, Harriet, haz algo para callarme la boca porque no dejo de decir estupideces supercursis.
3177516761_1_4_uQsivA8gElla rio y Luke la besó con fuerza llevándose el vibrante sonido de su risa, como si su vida dependiese de ese instante, de ese segundo perfecto. A Harriet nunca la habían besado de aquel modo, nunca nadie había reclamado su boca con esa impaciencia y desesperación. Gimió contra sus labios mientras permitía que sus lenguas se entrelazasen suavemente como si llevasen una eternidad intentando encontrarse.
El ruido de la lluvia retumbando contra los cristales del coche se entremezclaba con el latir de las palpitaciones que Harriet oía por todas partes, como si todo su cuerpo se hubiese vuelto loco. De deseo. Anhelo. Y ganas de más, mucho más.
Luke atrapó entre los dientes su labio inferior y lo mordisqueó con cuidado mientras sus manos firmes y grandes iban descendiendo por su espalda, palpando su cuerpo bajo la ropa e intentando adivinar cada curvatura y cada detalle. (…)
—Harriet —rozó sus labios—. Creo que deberíamos parar ahora.
—No quiero parar.
—Me lo estás poniendo muy difícil.
—No dejes de tocarme —jadeó.