Hablando de «33 razones para volver a verte»

Hablando de «33 razones para volver a verte»

Otrosmar 11 20162 Comments

Ahora ya sí que sí, la novela está al caer, falta un mes para que salga a la venta y ha llegado el momento de hablar de ella y contar qué podréis encontrar entre sus páginas, cómo surgió y detallitos varios, más allá de mis habituales desvaríos.

Hace unos días, en este post de Entre Metáforas, ya comenté que la idea de «33 razones para volver a verte» surgió durante el verano de 2014 y lo cierto es que por aquel entonces estaba metida en otro proyecto, una novela contada enteramente desde el punto de vista masculino (algún día lo haré, es mi asignatura pendiente), pero como soy así de organizada y metódica, la dejé a medias, me metí de lleno en la historia de Rachel y Mike y ya no la solté hasta que tracé la palabra «fin» poco después de medio año.

No sé si fue una buena idea o no, pero el resultado final valió la pena. Y con «buena idea» me refiero a que actualmente me tomo mucho más tiempo para pensar e hilar el siguiente proyecto en el que quiero embarcarme, disfruto de esos meses aguantando las ganas de escribir e imaginando escenas, subtramas, personajes y diálogos, mientras me documento sin prisas. Hace un par de años me lanzaba ahí a lo loco, de lleno, teniendo solo un esqueleto muy básico de la historia en mi cabeza. Ojo, que ahora también me encanta improvisar, pero es diferente, está todo más atado, ya no sufro el «famoso bloqueo» o esas ganas de dejar una novela a medias para empezar otra.

Cuestión, que así surgió. Podéis leer la sinopsis de la novela aquí, en su ficha, si todavía no lo habéis hecho; creo que resume bien la premisa de esta historia que me ha robado bastantes horas de sueño. Y con esto quiero decir que me cuesta mucho sentirme «satisfecha» y, hasta el momento, nunca había corregido tanto una novela ni mucho menos reescrito escenas. Supongo que para todo hay una primera vez. Está claro que hay historias que fluyen sin más y desde el principio todo encaja y le preguntas a tu editora que qué tienes que corregir y te dice que no toques nada, como ocurrió con la segunda parte de esta serie. Pero en esta… en esta tuve demasiado tiempo para ir toqueteando cosas. Prefiero no pensar cuántas veces la habré releído. Eso sí, me quedo en paz con que el resultado final, el que llegará a vuestras manos, es lo que quise plasmar, independientemente de que luego guste o sea un horror. Creo que esa es la base principal, que uno esté tranquilo consigo mismo, para así poder aceptar de forma constructiva y de buena gana las críticas y consejos.

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Y todo esto viene a que «33 razones para volver a verte» fue la novela que me hizo darme cuenta de que tenía que seguir siempre mi propio estilo, modo revelación celestial. La primera versión de esta historia tenía una escena casi al final de esas inesperadas, en plan giro de ciento ochenta grados, pero a pesar de lo «imprevisible» no estaba cómoda con ello. Me sentía rara. Sabía que fallaba algo. No era yo. Esto lo sé porque en mi faceta de escritora soy muy parecida a mi faceta de lectora, y a excepción de las novelas que leo de misterio e intriga, a mí me enamoran las historias sencillas, las emocionales, las de personajes. No busco explosiones, acción ni nada parecido. Soy muy fan de Susan Elizabeth Phillips, Samantha Young, Lisa Kleypas, Taylor Jenkins Reid, Rachel Gibson, Stephanie Perkins, Marian Keyes, Cecelia Ahern… y un largo etcétera. Para emocionarme, un autor tiene que ir a los pequeños detalles, a la reflexión sutil, a no caer en dramas innecesarios ni intentar convencerme, sino a mostrar y, sobre todo, me encanta que me ofrezcan una gran escala de grises y no blancos y negros, héroes y villanos. Es algo muy subjetivo y no puedo evitarlo.

Cuestión, que sí, que cambié el final y me quedé tranquila cuando lo hice. También me sirvió para iniciarme en esto de reescribir una escena y ahora me cuesta menos darle al botón de suprimir y repetir hasta estar satisfecha (admito que sigue siendo un poco «momento drama» en casa, las cosas como son). A pesar de los nervios, tengo muchas ganas de que conozcáis a Rachel y Mike. Han sido personajes difíciles desde el principio, ambos con muchas luces y sombras. No son perfectos; los dos tienen miedos, inseguridades y problemas que solucionar (aunque yo les quiero mucho tal y como son #MomentoFan). La historia sigue un poco la línea de las anteriores, centrada en el romance y en la parte más emocional, con muchos detalles, momentos y diálogos entre los protagonistas…

Rachel, Mike, Luke, Jason

       Os los voy presentando: Rachel, Mike, Luke, Jason

Me sigue gustando que las relaciones se cuezan a fuego lento y eso es algo que dudo que cambie. En esta novela tiene también mucho protagonismo la amistad, y Luke, Jason y otros secundarios adquieren un papel importante. También me gustó probar y jugar un poco con la estructura, así que integré unos primeros capítulos que creo que redondean la historia y le dan un toque diferenciador a la serie. La cosa va de besos, pecas, estrellas, amor, nostalgia, recuerdos, daño, pérdidas y obstáculos que superar. Y no puedo (o debo) desvelar mucho más, ¿pero os he dicho ya que se desarrolla en San Francisco? ¿Y que dicha ciudad es una de mis preferidas? También aparecen otros escenarios; reconozco que antes le daba mucha menos importancia a la ambientación, pero con cada novela que escribo me doy cuenta de que tiene un peso crucial en la historia y de que puede influir en las escenas, en la trama, ¡en muchas cosas! Y actualmente sí, me tomo mi tiempo a la hora de buscar la ciudad adecuada. La última novela que terminé, ambientada en Alaska, supuso un reto, pero me sirvió para «salir del cascarón» y ahora empiezo a tomarme lo de documentarme como algo divertido.

¿Y qué más…? Ah, sí, ¡la serie! Lo dije en la entrada anterior, pero, para los más despistados, finalmente se llamará «Volver a ti». Ya sabéis que la segunda entrega se publicará a principios de 2017 y no a finales de este año como estaba previsto. En fin. Creo que Rachel se está enfundando un vestido rojo y Mike se está poniendo un esmoquin (está guapo, guapo), preparándose para el gran día. Queda nada. 11 de abril.